Luciana se miró en el espejo de su habitación por quinta vez en diez minutos. El vestido borgoña le marcaba la cintura y dejaba la espalda descubierta. Demasiado elegante para “solo una cena”.
—¿Por qué estoy haciendo esto?
Tomó su teléfono. Abrió el chat con Ethan. Escribió: “Lo siento.”
Borró el mensaje antes de enviarlo.
Su teléfono vibró.
Stefan: “Estoy en la esquina. Sin prisa.”
Luciana bajó las escaleras, sus tacones golpeando el mármol. La señora Harrington limpiaba la sala con demasiada