Ellen Hansen llamó tres minutos después de que Luciana colgara.
Estaba en la puerta trasera con un suéter de lana burdeos doblado sobre el brazo y unos vaqueros oscuros encima, y una muda de ropa interior que dejó en el umbral con la naturalidad de quien ha aprendido que hay cosas que se hacen sin que nadie tenga que pedirlas.
—Tiene la misma altura que Jake —dijo—, aunque algo más delgado de hombros. Con el suéter no se nota.
Luego se fue sin más preguntas.
Dieciocho años cuidando esa casa.
Et