En Clifford Chance lo llamaban The American Blade.
No era un apodo de organigrama. Era un nombre que crece en pasillos cuando la gente necesita hablar de alguien antes de admitir que le tiene respeto. Se decía en voz baja, entre ascensores y máquinas de café, con esa mezcla de fascinación y cautela que provoca quien no sonríe para gustar, sino para cerrar.
Ethan Cole tenía veinticinco y ya era asociado senior en Londres: el más joven en alcanzar ese rango en la historia reciente de la firma. No