Jueves, 6:47 PM.
Luciana cerró la puerta del Uber frente a la Galería Whitmore en Chelsea. Dio dos pasos antes de notar los flashes.
No un enjambre, no un caos. Solo dos cámaras apostadas al otro lado de la calle, lentes largos, pacientes. Esperándola.
Sintió ese pinchazo familiar en el estómago. No sorpresa. Reconocimiento.
Otra vez.
Enderezó los hombros y caminó con confianza hacia la entrada. Si iban a mirarla, no les daría nada.
El edificio de tres pisos brillaba bajo luces estratégicamente