La reunión en Dubái era por el subsidiario del Golfo.
Vanderbilt Corp tenía intereses en tres fondos de infraestructura en la región desde hacía once años, y esos fondos exigían atención cara a cara dos veces al año porque los hombres que los gestionaban habían decidido —y sostenido con orgullo— que los correos electrónicos no construían confianza. Stefan había enviado representantes antes. Esa vez fue él.
No porque se lo pidieran. Sino porque dos meses en Singapur le habían enseñado algo que no