La noche caía como un manto oscuro sobre la villa. Selene abrazaba sus rodillas contra el pecho mientras se acurrucaba en un rincón de la lujosa propiedad.
La luz parpadeante iluminaba fugazmente su rostro angustiado. Un temblor sutil recorría su cuerpo.
Selene no podía creer que la felicidad del día anterior se desvanecía para dar paso al inicio de una pesadilla.
—No me toques —dijo Selene con expresión de horror, mirando a Ares a los ojos, buscando respuestas que no llegaban. Su voz temblaba