CAPÍTULO 14

Casi una hora después ella había dejado de llorar, parecía encontrarse demasiado débil para impedir que limpiase sus lágrimas y la acostase en la cama.

  • Descansa – rogué, apenado, mientras tapaba su cuerpo con una fina colcha, sin dejar de mirarla.

Me levanté de la cama y acaricié con la yema de sus dedos s

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