El jet privado de la familia Bellucci sobrevolaba el territorio mendocino, y yo aún no lograba acostumbrarme a la idea de que, al menos técnicamente, esta aeronave también era "mía". Annelise, por otro lado, ya parecía perfectamente cómoda con la nueva realidad.
—Explícame otra vez por qué sigues pagando alquiler en ese departamento diminuto —preguntó, reclinándose en el asiento de cuero blanco mientras una azafata le servía más champagne—. Porque sinceramente, hermanita, esto es... —Hizo un ge