Desperté lentamente, mi cuerpo deliciosamente adolorido por las actividades de la noche anterior. Christian aún dormía a mi lado, un brazo posesivamente sobre mi cintura, su rostro relajado de una forma que rara vez se permitía cuando estaba despierto.
Estudié sus facciones por un momento —las pestañas largas, la línea fuerte de la mandíbula, los labios que, horas atrás, habían recorrido cada centímetro de mi cuerpo. Era injusto que alguien pudiera ser tan hermoso, incluso durmiendo.
Como si s