La llamada llegó dos días después de la fiesta improvisada en casa de Nate. Estábamos tomando café juntos en la cocina, discutiendo los apartamentos que visitaríamos —él había marcado cinco opciones diferentes en barrios que pensaba que me gustarían— cuando el teléfono de Nate sonó mostrando el número de la comisaría.
—Necesitamos que vengan nuevamente para algunos esclarecimientos —dijo la voz del detective Thompson del otro lado de la línea, su tono profesional pero no urgente—. Cuestiones de