Antes de que pudiera decir algo más, Nate me envolvió en un abrazo apretado, levantándome ligeramente del suelo mientras celebraba mi respuesta. Sentí sus brazos fuertes alrededor de mi cintura, su risa vibrando contra mi pecho de una forma que me hizo derretir completamente.
—Ya tenía preparado mentalmente todo un discurso de convencimiento —dijo contra mi oído, su voz llena de alivio y felicidad—. Argumentos lógicos sobre la practicidad financiera, apelaciones emocionales sobre lo maravilloso