~ ZOEY ~
Tomamos el jet privado hasta la Villa Bellucci a finales de la mañana, y pasé la mitad del vuelo intentando no pensar en lo surrealista que era tener treinta años y estar cruzando fronteras como quien cruza calles.
Christian tenía ese aire de calma impecable de siempre, como si hasta la gravedad fuera un detalle administrativo. Yo, en cambio, tenía el corazón latiendo en algún lugar entre "euforia" y "Dios mío, estoy embarazada otra vez", que era básicamente mi estado natural en los ú