La botella voló por la sala y se estrelló contra la pared, esparciendo vino tinto y vidrio por el piso. El sonido de la destrucción me dio una satisfacción momentánea, un alivio pequeño para la furia que hervía dentro de mí desde que Alex se había ido.
Agarré la segunda botella de la caja de Valle del Sol, sopesándola en la mano. Seis botellas de vino de quinta categoría que alguien había enviado para destruir mi vida. Que Christian había encontrado y usado como evidencia contra mí.
—Vete a la mierda —murmuré, arrojando la segunda botella con aún más fuerza.
El ruido del vidrio haciéndose pedazos resonó por el departamento nuevamente, manchas rojas escurriendo por la pared blanca como sangre. Era satisfactorio de una forma primitiva, destructiva. Cada botella rota era un poco de mi rabia siendo liberada.
Estaba agarrando la tercera cuando escuché la llave girando en la cerradura. Mierda. Le había dado una copia a Anne semanas atrás, pero lo olvidé completamente.
La puerta se abrió