Dante iba a volver a besarla.
Ariadna lo supo por la forma en que su mano se cerró con más fuerza en su cintura, por la respiración irregular que ya no intentaba controlar. Pero el sonido seco de un golpe en la puerta principal atravesó el momento como un disparo.
Dante se quedó inmóvil.
No la soltó de inmediato, pero su cuerpo se tensó de otra forma. Alerta. Contenido. Ariadna también lo sintió.
—¿Esperas a alguien? —preguntó ella, todavía con la voz alterada.
El timbre sonó otra vez. Largo. I