Velik apoyó una mano sobre el marco de la puerta y observó a Dante con una calma que resultaba extraña en él. Durante años fue impulsivo, agresivo y completamente incapaz de quedarse quieto más de unos minutos, pero el hombre que tenía delante parecía distinto. No mejor necesariamente, pero sí diferente.
—¿Vas a dejarme pasar o piensas quedarte ahí bloqueando la entrada todo el día?
Dante no respondió de inmediato.
Su cuerpo continuaba ocupando casi toda la puerta del apartamento mientras estud