El apartamento se sintió diferente desde el momento en que Alexei cruzó la puerta.
No fue un cambio evidente ni algo que pudiera señalar con precisión. No hubo una sensación repentina ni una emoción concreta que le permitiera identificarlo. Sin embargo, mientras observaba a su hijo avanzar con cautela por el salón, mirando los muebles, las ventanas y cada rincón de aquel lugar desconocido, Dante comprendió que algo dentro de él había comenzado a acomodarse por primera vez en mucho tiempo.
Duran