Dante no supo cuánto tiempo había permanecido inconsciente.
Cuando abrió los ojos, la cabeza le pesaba de una manera extraña, como si todavía estuviera hundido a medias en el efecto de la droga que le habían inyectado dentro de la ambulancia. Durante varios segundos solo pudo distinguir un techo blanco, la luz apagada de una habitación desconocida y el dolor punzante en el cuello, justo en el lugar donde la aguja le había atravesado la piel. Intentó moverse por instinto, pero el tirón seco en l