Dante apenas había logrado salir de la guagua con Alexei pegado a su costado cuando escuchó las primeras sirenas a lo lejos. Al principio pensó que eran patrullas, ambulancias verdaderas, personas normales intentando ayudar después del accidente. Había gente acumulándose en las aceras, algunos con teléfonos en las manos, otros señalando el vehículo destrozado en medio de la intersección. Nadie sabía quién era él. O al menos eso quiso creer durante los primeros segundos, porque entre la sangre q