La tuerca terminó de ceder con un crujido agónico y, de pronto, la resistencia desapareció. Valentina tiró con una última sacudida desesperada y la placa oxidada se desprendió de la pared. La fuerza acumulada la hizo rodar hacia atrás sobre el suelo; el aire se le escapó de los pulmones en un jadeo brusco cuando su espalda golpeó el piso. Durante un segundo quedó tendida, aturdida, mirando el techo descascarado, intentando entender que lo había logrado. La cadena ya no estaba sujeta a la ventan