Valentina supo que todo lo que le habían dicho sobre el turno noche era cierto apenas cruzó la puerta del restaurante. La música estaba más alta, las risas eran más densas, el aire olía a cerveza derramada y a humo viejo que la hizo toser. Las mesas estaban ocupadas por hombres que hablaban a los gritos, corbatas flojas, camisas abiertas, miradas que se deslizaban sin disimulo cuando ella pasaba.
Intentó concentrarse en lo básico: bandeja firme, sonrisa neutra, pasos seguros y rogar sobrevivir