El Congelamiento del Instante: La Arquitectura del Cierre
Tiempo: Cuatro años y siete meses y tres días después del Nuevo Comienzo. Medianoche Funcional.
Lugar: Núcleo de Análisis, Instalación de Máxima Seguridad, Montana.
Valeria había girado su silla de vuelta a la oscuridad controlada de su trabajo. El Amanecer ya no era una promesa utópica o un recordatorio melancólico, sino una variable conocida de un ciclo que ella ahora protegía. La luz exterior, que había simbolizado la vitalidad del mundo salvado, se había retirado, dejando solo el fulgor esmeralda y ámbar de sus múltiples pantallas. Este era su paisaje permanente: un santuario de silicio y cristal. El aire, denso, pesado y filtrado, olía a ozono, metal pulido y la electricidad fría de servidores masivos, el perfume austero de su nueva eternidad.
El momento de la reflexión final había pasado, consumido por la lógica. La melancolía se había disuelto, no por una elección emocional, sino por saturación funcional. Cada duda, cada