La Evaluación Silenciosa de Thorne
Tiempo: Cuatro años y siete meses después del Nuevo Comienzo.
Lugar: Sala de Observación Remota, Sede Central de QHI, Washington D.C.
Marcus Thorne, ahora ascendido a Director de Estrategia Digital en una oscura oficina gubernamental (el sucesor funcional de QHI), no necesitaba visitar a Valeria. Su vigilancia era digital, una rutina diaria que se había convertido en un reflejo profesional. Todos los días, a las 14:00 horas, abría el feed cifrado que mostraba el núcleo de análisis del Protocolo Guardián.
No buscaba fallos de seguridad o amenazas externas; buscaba la integridad del activo.
En la pantalla, Valeria Veras era la imagen de la paz funcional. Su postura era inmóvil, sus dedos se movían con la cadencia de una metrónomo sobre el teclado holográfico, procesando millones de datos por segundo. Ella era la máquina ética que Thorne había ayudado a forjar.
Thorne se permitió un momento de reflexión que rara vez concedía a sus propios sentimientos,