Día dos. 12:15 AM.
Valeria regresó a su oficina ejecutiva, el ascensor privado la depositó en el piso de la sede con el mismo silencio con el que la había recogido, la atmósfera aquí, de cristal y tecnología inerte, era bienvenida, era un espacio donde las emociones estaban prohibidas por el contrato, no por la memoria.
Se sentó frente a sus monitores, el cuerpo aún tenso por la proximidad forzada con Leonardo y la confrontación con el tablero de ajedrez, su mano se abrió, liberando el fragment