Camila llegó al café del puerto con el corazón latiéndole en la garganta. Se había puesto la sudadera favorita de su papá, como si esa tela pudiera protegerla de lo que fuera que estaba a punto de escuchar.
Una mujer de unos cincuenta años la esperaba en la mesa del fondo. Tenía los mismos ojos que la mujer de la foto. Cuando la vio entrar, se levantó despacio.
—Te pareces tanto a ella… —fue lo primero que dijo Elena, con la voz quebrada.
Camila se sentó sin decir nada. Tenía miedo de que si ab