Tres meses después.
El auto estaba cargado frente a la casa. Maletas, cajas con libros, una planta que Camila se empeñó en llevar “para no sentirme tan sola en el departamento”. El sol de la mañana iluminaba todo con esa luz dorada que hacía que el mar pareciera más azul que nunca.
Camila estaba de pie en la terraza, con los brazos cruzados, mirando hacia el horizonte como si quisiera grabarse esa imagen para siempre.
Lia se acercó despacio, apoyada en su bastón nuevo que Mateo le había comprad