Los recién casados fueron al lugar del banquete, que quedaba en ese mismo salón, pero cruzando por una puerta. Era una habitación mucho más amplia con mesas decoradas con un mantel blanco y liso. Las flores estaban por doquier.
Las sillas eran de madera, con una tela acolchada que daba un resultado cómodo. Los invitados ya estaban en su respectivo lugar, mientras los novios acudieron a la pista de baile.
Dejaron a Victoria junto a Elsa.
—Este lugar es precioso —comentó la rubia, dejándose ll