La vergüenza la consumió cuando ya ambos estaban desnudos sobre el sofá, cabían perfectamente.
Rafael miraba a Mónica con tanto deseo, que ni ella misma se lo podía creer. Iba a tener relaciones con su jefe, ¿quién lo hubiera imaginado?
Las gruesas manos del hombre viajaron hasta llegar a su pecho izquierdo, masajeó con sumo cuidado de no lastimarla, sin dejar de mirarla.
—¿E-es necesario mirarme?
Rafael sonrió, divertido.
—Me gusta cada expresión que haces, y si tengo la posibilidad de ver