Michael y Sara se estaban despidiendo de todos, les tocaba irse a la mansión Bridget. Alejandro fue a buscarlos, y cuando vio a Victoria, ella corrió a sus brazos.
—¡Abuelito! —exclamó, emocionada como cuando era niña.
—Uff, ya no puedo cargarte. Los dolores de espalda me tienen agotado —se quejó, divertido—. ¿Cómo has estado?
—Muy bien. Aunque extrañaré a Michael, siento que pasamos poco tiempo juntos esta vez —Ella arrugó la boca.
—No te preocupes, vendré más seguido —respondió su hermano