Mateo y Victoria habían llegado a la discoteca, era de noche y el frío era infernal. La mujer llevaba un vestido corto y él tuvo que colocarle su suéter mientras esperaban en la fila.
—¿Por qué hay tanta gente justo hoy?
—Creo que siempre hay gente en este tipo de lugares —respondió él—. Todavía podemos ir a un restaurante o…
Ella lo calló con su dedo. Los ojos de Victoria se veían dilatados por la oscuridad, y le dedicó una sonrisa a su amigo.
—Shh. Ya casi nos toca, estoy segura de que ad