Mateo sí que reconoció a esa mujer mayor. Inclinó ambas cejas con molestia, recordaba que decía ser su abuela, y todo resultó una mentira.
—Hola, Victoria —La saludó.
Necesitaba llevarse a la niña sin levantar sospechas, o le iría muy mal porque había mucha gente en el parque ese día.
—¿Cómo sabe mi nombre? —Frunció el ceño.
Mateo se hizo el héroe, se posicionó delante de Victoria para cubrirla, no confiaba en su antigua abuela, así que protegería a su amiga.
La niña lo vio raro, pues no e