Rowena llegó justo a tiempo al auto de David, era uno que había alquilado porque también tuvo que vender el suyo. El hombre al ver a su madre desesperada por subir, arrancó el vehículo de una vez por todas.
La mujer estaba sudando, llevaba a Victoria en brazos, completamente dormida. Había conseguido su objetivo.
—Veo que tuviste problemas —mencionó su hijo.
—Pude resolverlos, no te preocupes por eso —dijo, entre dientes—. Concéntrate en mantenerte oculto como hasta ahora. Rafael todavía no