POV KARINA
El ambiente en la mansión era tan denso que se podía cortar con un cuchillo. Después de la discusión de la noche anterior y de que Andrew me viera sonreírle a la pantalla de mi laptop, el aire parecía cargado de electricidad estática. Yo solo quería una cosa: terminar el logo para la empresa de cosméticos en Londres que me había contactado por mi seudónimo. Necesitaba ese depósito. Necesitaba mi libertad.
Traté de escabullirme a mi habitación con un plato de ensalada, evitando el comedor, pero la voz de Andrew me detuvo como un látigo golpeando el suelo.
—Siéntate a la mesa, Karina —ordenó desde el umbral del salón. No era una invitación, era un comando—. El contrato especifica que las cenas se realizan en pareja a menos que haya un evento externo.
—No tengo hambre, Andrew. Y tengo cosas que hacer —respondí, apretando el borde del plato.
—¿Cosas? ¿O personas con las que hablar? —sus ojos azules brillaron con una furia fría—. Siéntate. Ahora. No voy a permitir que te es