POV KARINA
Tres semanas. Veintiún días desde que el agua fría de la ducha lavó mis lágrimas y mi ingenuidad. En este tiempo, el hogar de Andrew Thorne ha dejado de ser mi prisión para convertirse en mi centro de operaciones. Mi rutina es ahora un mecanismo de relojería: despierto antes que nadie, tomo mi café en silencio y me encierro en mi habitación a trabajar.
El diseño gráfico no es solo mi escape; es mi redención. Bajo el seudónimo de K. Rebel, he conseguido tres contratos fijos con agencias de publicidad en Londres y Ámsterdam. Mi cuenta bancaria personal, esa que Andrew no sabe que existe, crece cada noche. Cada clic de mi ratón es un centavo más hacia mi libertad.
Bajé a la cocina por un vaso de agua, moviéndome como una sombra. En el pasillo, me crucé con Andrew. Su silla de ruedas emitió un siseo casi imperceptible. Se detuvo, bloqueándome el paso, buscándome la mirada con esa intensidad azul que antes me hacía temblar.
—Karina —dijo él. Su voz era ronca, cargada de una