POV ANDREW
Entré en el despacho con el peso de mil noches sobre mis hombros. Escuchaba el eco de los pasos de Karina detrás de mí; pasos lentos, deliberados, que no vacilaban. Esa falta de duda en su andar me ponía más nervioso que cualquier grito. Me detuve tras mi escritorio, el campo de batalla donde siempre me sentía seguro, pero hoy, la madera de caoba se sentía fría y ajena.
Karina se quedó de pie. No se sentó. No dejó su bolso. Se quedó allí, como una estatua que esperaba que la tor