POV ANDREW
El silencio en el ático solía ser mi aliado, pero hoy se sentía como una soga apretándose alrededor de mi cuello. Estaba sentado en la penumbra de la habitación de Karina, el único sonido era el rítmico golpe del agua contra los azulejos del baño. Un sonido constante, monótono, que martilleaba mis nervios.
Cerré los ojos y apreté los puños sobre los apoyabrazos de mi silla. Mi mente era un campo de batalla. ¿Qué estoy haciendo aquí?, me pregunté. Una parte de mí, esa voz racional que Zack intentaba despertar, me gritaba que diera media vuelta y saliera. Que este comportamiento era indigno de un hombre como yo. Pero esa voz era sofocada por un rugido mucho más fuerte: el de la posesividad y el miedo.
Había visto la ropa sobre la cama. Un vestido que gritaba independencia. Un perfume que no era para mí. Ella iba a verlo. Iba a ver al tal Julian. Ese nombre se había convertido en un cáncer en mi mente. Me imaginaba a ese hombre caminando, de pie frente a ella, ofreciéndole