POV KARINA
El eco de mis propios jadeos aún flotaba en el aire de la habitación, pero mi mente ya estaba recuperando el control. Mi cuerpo me había traicionado, sí; la piel tiene memoria y Andrew Thorne sabía exactamente qué botones presionar para hacerme olvidar, por unos segundos, que lo despreciaba. Pero yo no era Paola. No era una mujer que se conformaría con migajas de afecto disfrazadas de posesión.
Sentí el peso de Andrew bajo mi cuerpo, su respiración aún errática contra mi cuello, y la satisfacción en su voz cuando me reclamó como suya. Fue esa misma arrogancia la que me dio la fuerza para desconectarme.
Me bajé de su regazo con una agilidad que lo dejó desconcertado. No me cubrí con prisa ni con vergüenza. Me puse de pie frente a él, dejando que el albornoz de encaje colgara de mis hombros, y lo miré con una calma que lo tensó de inmediato.
—¿Qué haces? —preguntó Andrew, extendiendo una mano hacia mí.
—Gracias, Andrew —dije, mi voz sonando clara y gélida—. Realmente nec