POV KARINA
Esa noche dormí con la maleta hecha y el corazón ligero, convencida de que el golpe de gracia en el despacho había sido definitivo. Había saldado la deuda de mi padre, y había mostrado mis garras profesionales. ¿Qué más podía hacer Andrew? En mi ingenuidad, creí que el mundo funcionaba con la lógica de los contratos y la justicia. El amanecer, sin embargo, no trajo la libertad, sino el gélido recordatorio de que estaba casada con un hombre que no solo poseía edificios, sino tambié