POV KARINA
Esa noche dormí con la maleta hecha y el corazón ligero, convencida de que el golpe de gracia en el despacho había sido definitivo. Había saldado la deuda de mi padre, y había mostrado mis garras profesionales. ¿Qué más podía hacer Andrew? En mi ingenuidad, creí que el mundo funcionaba con la lógica de los contratos y la justicia. El amanecer, sin embargo, no trajo la libertad, sino el gélido recordatorio de que estaba casada con un hombre que no solo poseía edificios, sino también las voluntades de quienes los habitaban.
A las ocho de la mañana, mi teléfono empezó a arder. El primer abogado, un hombre que ayer parecía ansioso por cobrar mi jugosa tarifa de retención, sonaba hoy como si estuviera hablando con un fantasma.
—Lo siento, señora Thorne —dijo con una voz monótona, casi mecánica—. No podemos tomar su caso de divorcio. Existe un conflicto de intereses insalvable con la firma Thorne & Associates.
—¿Conflicto de intereses? —grité, apretando el auricular hasta q