Desperté con la cabeza queriendo estallar; la jaqueca me hacía retumbar los oídos y la luz que se filtraba por la ventana era casi una tortura.
Llevé con rapidez la manta hasta mi cabeza y me cubrí. Solo quería seguir durmiendo, pero la voz del hombre a mi lado, al parecer, esperaba mi despertar, y no precisamente para decirme palabras dulces.
—¿Crees que es correcto llegar tarde y ebria a tu casa? —Suspiré para mis adentros ante la pregunta, que sonaba a reclamo—. ¿Con quién estuviste?
Me quedé en silencio, sencillamente porque sabía que tenía razón. No fue correcto y, sin duda, explotaría si le decía que fue con Julian. Después de la noche que tuvimos, no quería discutir, pero es Andrew Thorne y no iba a quedarse con mi silencio como respuesta.
—Karina Wilson, te estoy hablando —dijo, mientras quitaba la manta de mi cara.
—Buenos días, Andrew. Estoy excelente, gracias por preguntar. ¿Cómo amaneciste tú?
Me fulminó con la mirada; tanto, que me enderecé en la cama y quedé sentad