POV ANDREW
El tiempo se detuvo. El sonido del albornoz de encaje al golpear la alfombra fue más fuerte que un disparo en el silencio de la suite. Me quedé sin aliento, con los ojos fijos en la visión que tenía delante. Karina, bañada por la luz plateada de la luna que entraba por el ventanal, era una escultura de seda y fuego. Su piel canela brillaba, todavía húmeda por el baño, y sus pechos subían y bajaban con una respiración que era puro desafío.
La sangre me rugió en los oídos, concentrán