POV ANDREW
La luz de la mañana en el loft de la calle 52 no era la misma que en la casa principal. Aquí, el sol entraba sin pedir permiso, filtrándose por los grandes ventanales industriales y bañando la cama en un tono ámbar cálido. Me desperté antes que ella, una costumbre que mi cuerpo no había perdido. Durante unos minutos, simplemente me quedé inmóvil, disfrutando de algo que rara vez me permitía: la paz.
Karina estaba profundamente dormida, con el rostro hundido en mi almohada y un mechón de su cabello oscuro cruzándole la mejilla. Se veía tan diferente así; sin las defensas altas, sin la mirada desafiante. Extendí la mano y, con una lentitud casi religiosa, aparté el cabello de su cara. Su piel se sentía como seda caliente bajo mis dedos.
Ella se removió, soltando un suspiro soñoliento que terminó en una sonrisa perezosa antes siquiera de abrir los ojos.
—Buenos días, señor Tirano—susurró con la voz ronca por el sueño, estirándose como un felino bajo las sábanas de