POV KARINA
El llanto que brotaba de mi garganta no era humano; era el sonido de algo rompiéndose de forma irreversible. Me derrumbé en el suelo del salón, justo ahí, frente a las ruedas de la silla de Andrew. Mis manos cubrían mi rostro, pero no podían detener la marea de angustia que me ahogaba. Cada sollozo era un nombre: Oscar Wilson. Mi padre. El hombre que me dio la vida y que ahora, por culpa de mi carcelero, se desvanecía en la soledad de una sala de urgencias.
—¡Karina! ¿Qué demonios te pasa? —la voz de Andrew sonaba desde las alturas, irritada, todavía teñida de esa arrogancia que lo hacía creer que el mundo giraba en torno a sus caprichos—. Zack, dile que se calle, no puedo pensar con este ruido.
Zack no se movió. Su rostro estaba pálido, sus ojos fijos en una tableta que sostenía con manos temblorosas. Miró a Andrew y luego a mí, y por primera vez vi miedo en los ojos de un hombre que siempre parecía risueño.
—Andrew... —la voz de Zack era un hilo—. No es un berrinche.