El Precio de la Libertad
Elías se quedó sin respiración. La furia y el dolor que lo habían consumido un instante antes se habían convertido en un vacío helado de confusión. El eco del golpe que había noqueado a Alaric resonaba en la cripta, pero lo que lo mantuvo inmóvil no fue la sorpresa, sino la mirada de Kiam. No había arrepentimiento, ni miedo, solo un cálculo frío.
Kiam se había acercado a Ariadna, la había desatado de las cuerdas que apresaban sus manos y tobillos, pero la mordaza de cue