Al entrar a la habitación, la luz era tenue. Jonathan se acercó a la cama y se inclinó para depositarla con cuidado sobre las sábanas. Sin embargo, en el momento en que sus pies debían quedar libres, el pie lastimado de Elizabeth rozó el borde del colchón, provocándole un pinchazo de dolor que la hizo sobresaltarse. Por puro instinto, ella se aferró con fuerza al cuello de Jonathan justo cuando él perdía el equilibrio por el movimiento brusco.
El destino, juguetón y cruel, hizo que los brazos d