La tarde llegó y con ella un aire mucho más relajado de lo que Elizabeth esperaba. Jonathan, visiblemente nervioso aunque intentaba ocultarlo, ayudó a Elizabeth a instalarse en el jardín.
Cuando los autos se detuvieron, Elizabeth se preparó para enfrentar a mujeres frías y pretenciosas, pero lo que encontró fue todo lo contrario.
—¡Hola! —exclamó Salma, la esposa de Ben uno de los inversionistas, acercándose con una sonrisa tan genuina que desarmó a Elizabeth de inmediato
—No sabes las ganas qu