Eres todo lo que me queda, esposa.
Sebastián
Me detengo frente a la puerta entreabierta. Mi respiración esforzada, como un jadeo doloroso que se niega a salir al silencio y mis oídos, ensordecidos, solo escuchan el frenético latido de mi corazón. Mi mirada se clava en la madera tallada, en el rayo de luz que se escapa por la rendija, creando pequeñas sombras danzantes sobre la superficie. Alzo la mano, con un terror frío que me paraliza al ser consciente de lo que estoy por hacer.
Empujo la pue