CAPÍTULO TREINTA Y DOS (Elena) Alguien me persigue.
Me desperté pensando en el poste.
No de una forma útil, no de una forma que pudiera archivar en algún lugar y dejar atrás, solo la imagen concreta de él, el cromo reflejando la luz cálida y tenue de la habitación rosa, y la forma en que Marion me había mirado sentado en esa silla con su copa y sus ojos grises y su completa compostura disolviéndose poco a poco por los bordes cuanto más bailaba yo.
Lo que había hecho y luego deshecho y luego salido de la habitación habiéndolo hecho, y me tumbé en