«Mírate», le dije en voz baja, moviendo los dedos de tal manera que su espalda se arqueó sobre la cama. «Pidiéndolo tan amablemente».
Entonces posé mi boca sobre ella.
Sabía a algo en lo que no iba a poder dejar de pensar, cálida y dulce y completamente ella, y me tomé mi tiempo con ella como me tomaba mi tiempo con todo lo que importaba, con mis dedos aún moviéndose, mi boca aprendiendo exactamente lo que necesitaba y dándoselo poco a poco porque lo importante era el proceso, porque verla desm