«Empieza por dejar a un lado ese miedo. Ríndete a tu cuerpo. Ríndete a lo que deseas, Emma».
La forma en que pronunció su nombre desató algo en su interior. Nada existía fuera de aquella habitación.
«¿Podrías quitarte la ropa?», preguntó Emma.
«Vas a tener que esforzarte más que eso. Esta es la única noche en la que podrás decirme lo que tengo que hacer. Puede que ni siquiera tengas toda la noche».
«Quítate la ropa. Ahora», dijo Emma con un tono más exigente. Will sonrió y se echó hacia atrás.