Emma pasó el día siguiente trasladando sus cosas de su antigua habitación a la de su padre. A partir de ahora dormiría allí, por si su padre la necesitaba por la noche. La habitación era lo suficientemente grande para su antigua cama individual, pero Jane no le permitía trasladarla.
«¡Ahora esta es mi habitación!», chilló. «¡No voy a compartir habitación con ese hombre inútil!».
A Emma le dieron un viejo saco de dormir a modo de cama. Revisar sus viejas cosas fue duro. Entre ellas había muchos