Emma se quedó paralizada. No. Debo de estar oyendo cosas. Se asomó por la esquina y el último atisbo de esperanza que le quedaba se desvaneció. Matt estaba en la puerta de su habitación, con las manos sobre su compañera de piso, Vivian. Vivian lo miró y le acarició el pelo con los dedos. Llevaban la ropa desarreglada. No hacía falta mucha imaginación para adivinar lo que habían estado haciendo.—Soy yo o ella, Matt —susurró Vivian mientras dibujaba círculos en el pecho de Matt—. Soy yo o Emma.—Eres tú, Viv —respondió Matt—. Eres tú con quien quiero estar.El corazón de Emma se hizo añicos y se derramó en el pasillo junto con el agua de lluvia que la empapaba. Contuvo un sollozo, pero el sonido se le escapó. Vivian giró bruscamente la cabeza en dirección al ruido. Tuvo la decencia de parecer sorprendida por un momento, pero luego se rió.«Parece que tenemos público. ¿Quién está ahí? Quizá te demos un espectáculo».Una cascada de emociones bombardeó a Emma. Traición, ira, tristeza, neg
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